Una vez al año, entre las dos islas del condado surcoreano de Jindo, el mar se abre, dejando al descubierto un paso de 2 km de largo y 40 m de ancho. Durante una hora, los residentes locales y los turistas, muchos de los cuales asocian este fenómeno con la parábola bíblica, acerca de las aguas del Mar Rojo que se separan para Moisés, camine por el secadero abierto y recoja los mariscos atrapados en esta trampa.
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